EL ORO Y EL UNIVERSO, Saberes indígenas de Colombia

Según el pensamiento amerindio, el cosmos y los seres que lo habitan fueron creados por los ancestros a partir de sus propios cuerpos. Humanos, animales, plantas, espíritus, montañas, ríos, objetos y artefactos son personas que interactúan y cooperan: lo visible y lo invisible están conectados y en permanente renovación. El universo está formado por diferentes dimensiones; algunas las podemos ver, otras son imperceptibles a nuestros ojos. En ellas vivimos los seres humanos y no humanos. Lo que muchos entendemos como objetos antiguos, en realidad son seres míticos y ancestros que participan activamente del cuidado del mundo.

El oro, la cerámica, la piedra, los colores, las texturas y el sonido conforman los cuerpos de estas presencias vivas. Más allá de la maestría de sus formas, estos seres encarnan conocimientos milenarios sobre transformación, equilibrio y reciprocidad. Las presencias nos invitan a repensar nuestra manera de entender y habitar el mundo.

Figura antropomorfa
Altiplano Nariñense
Nariño Tardío
600 – 1700 d.C.

Figura antropomorfa
Costa Pacífica Sur
Tumaco inguapí
700 a.C. – 350 d.C.

                                                              

 

Figura votiva de un cacique en su cercado
Cordillera Oriental
Muisca
600 – 1600 d.C.


Los cacique o jefes de los muiscas —un antiguo pueblo de Colombia— no solo eran gobernantes, también eran personas preocupadas por el bien de su comunidad. Su casa se llamaba «cercado» porque estaba rodeada de una cerca o valla. El cercado era una vivienda y también un espacio sagrado, público y ritual.
Aunque muchos europeos los describieron como tiranos y explotadores, hoy sabemos que los caciques muiscas eran responsables del bien común. Sus construcciones, caminos y santuarios vinculaban el cuerpo del gobernante, el orden social y el equilibrio del universo.


El cosmos también puede entenderse como un árbol que simboliza el cuerpo de la madre universal. Al caer, esta planta colosal dio origen a los ríos, organizó el territorio y entregó los cultivos a los humanos.

Mola
Darién
Pueblo Gunadule
1990 - 2010


Las «molas» gunadule son vestidos del pueblo gunadule, que vive al norte de Colombia. Las decoran con complejos diseños muy coloridos que representan su visión del mundo. Superponen figuras, simetrías y capas de color para mostrar un mundo donde distintas dimensiones se enlazan. Los diseños de grandes árboles y frutos coloridos recuerdan la hstoria de este árbol mítico.

Molas
Darién
Pueblo Gunadule
900 – 1600 d.C.

 

Molas goaniggadi (figurativas)
Darién
Pueblo Gunadule
900 – 1600 d.C.

Algunas molas muestran figuras y otras crean sensación de movimiento. Estos diseños no solo adornan la ropa, también protegen a las personas y muestran la relación entre el mundo visible y el invisible. En ellas, el tejido es escritura.

 

Los indígenas creen en seres diversos invisibles: espíritus creadores, ancestros y otros más. Ellos dan origen a humanos, animales, plantas y piedras. Las figuras son solo sus cuerpos materiales. Algunas mezclan características humanas y no humanas. Todos estos seres pueden influir en nosotros y en el resto de seres del universo. Ellos son la fuente de los materiales que constituyen los cuerpos de todos los seres. Algunos aparecen con formas reconocibles, otros combinan rasgos humanos y no humanos que expresan cualidades múltiples.

Figura antropomorfa
Cauca Medio
Quimbaya Tardío
700 – 160 0 d.C.

Figura antropomorfa
Cauca Medio
Quimbaya Tardío
700 – 160 0 d.C.


Las figuras no representan a estos seres: son sus dobles, sus cuerpos materiales o sus voces. En lugar de objetos pasivos, son presencias que interactúan entre ellas, con nosotros mismos y con el resto del universo.

 

Descamador con forma de pez
Costa Pacífica Sur
Tumaco Inguapí
700 a.C. – 350 d.C.

Alcarraza zoomorfa
Costa Pacífica Sur
Tumaco Inguapí
700 a.C. – 350 d.C.

 

Remate de bastón horizontal zoomorfo
Llanuras del Caribe
Zenú
200 a.C. – 1600 d.C.

Colgante zoomorfo
Sierra Nevada de Santa Marta
Tairona
900 – 1700 d.C.

 

Alcarraza zoomorfa
Costa Pacífica Sur
Tumaco Inguapí
700 a.C. – 250 d.C.

Ocarina antropozoomorfa
Sierra Nevada de Santa Marta
Tairona
900 – 1700 d.C.

                                                                                                 

 

Los investigadores indígenas acordaron usar la palabra «presencias» para referirse a objetos antiguos que tienen vida. Las «presencias» son seres vivos que existen en el presente, antiguos objetos e inertes. Se entiendes como seres vivos, vigentes en el presente e integrados en redes de relaciones espirituales que abarcan todo lo que existe.

Figura con ocarina
Sierra Nevada de Santa Marta
Tairona
900 – 1700 d.C.

Desde hace cientos de años, las sociedades indígenas han transformado el paisaje sin dañarlo. Del mismo modo, el cuerpo humano está siempre en construcción. Los orfebres tienen la capacidad de crear narigueras, pectorales y otras presencias que pasan a formar parte del cuerpo y le confieren poderes. La coca y otras plantas maestras permiten entrar en la dimensión invisible del mundo.

Los habitantes de la Depresión Momposina trasformaron el paisaje construyendo canales y camellones ara conducir el exceso de agua y aprovechar los sedimentos, así como plataformas elevadas de vivienda, y pequeñas montañas destinadas a enterrar a sus muertos. También transformaban sus cuerpos empleando pectorales con formas que evoca a las de sus tumbas.

Pectoral antropozoomorfo Humano-ave-felino
Tolima
Tolima Medio
100 – 700 d.C.

Pectoral antropozoomorfo Humano-jaguar
Tolima
Tolima Medio
100 – 700 d.C.

El jaguar es un animal especial. Un gran cazador con fuerza, control y valentía para imponerse sobre otros seres. Se mueve con gran sigilo y rapidez en la selva, en el agua, en la oscuridad, pudiendo aparecer y desparecer. Los especialistas espirituales chamanes han tenido una relación de identidad con el jaguar. Este felino es el depredador máximo del mundo animal, su presencia inspira temor y respeto. Un humano que incorpora sus cualidades, adquiere sabiduría para sanar enfermedades y la capacidad de moverse entre mundos.

Pectoral antropozoomorfo
Tolima
Tolima Medio
100 – 700 d.C.

Las pinturas corporales, orejeras, narigueras y pectorales no son adornos, son presencias vivas que aportan cualidades de seres no humanos y modifican la identidad. Algunas transformaciones, como las pinturas y los trajes, son temporales y sirven para convocar seres míticos o protección. Otras, como las perforaciones, son permanentes, acarrean peligros y suelen estar ligadas a ritos de paso como la pubertad o la muerte.

Colgante antropozoomorfo humano-crustáceo
Llanuras del Caribe
Zenú Temprano
200 a.C. – 1000 d.C.

Colgante antropozoomorfo
Cascabel antropomorfo

Llanuras del Caribe
Zenú Temprano
200 a.C. – 1000 d.C.

El oro, la arcilla, la piedra, la madera, las fibras y otras materias son partes de seres primordiales. Al trabajarlos se da cuerpo y forma visible a fuerzas y presencias del mundo. Las tecnologías como la metalurgia, la alfarería o la preparación de alimentos, hacen que esas materias y sus propiedades sean seguros para la vida humana.

El humano-murciélago es uno de los seres más destacados entre los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta. Los murciélagos son animales sociales, muy hábiles para orientarse en le oscuridad y los mamíferos más diestros para volar. En muchas culturas indígenas, el murciélago se asocia a la capacidad de viajar al inframundo y ver el mundo al revés, así como a la sangre y a la sexualidad peligrosa. Este ser tiene cuerpo humano y rostro de murciélago. En su pecho lleva un pectoral de ave.

Sello
Costa Pacífica Sur
Tumaco Inguapí
700 a.C. – 350 d.C.

Las plantas maestras no son drogas: son seres poderosos que permiten acceder a la dimensión invisible del mundo. Mediante su uso, chamanes y especialistas rituales pueden conocer y actuar sobre procesos que sostienen la vida: la salud, la fertilidad y el equilibrio entre humanos y no humanos. Todas las plantas requieren un proceso de transformación para poder ser consumidas. La interacción con ellas exige conocimiento, disciplina y cuidado.

Desde hace miles de años, los pueblos indígenas de Colombia han cultivado, mascado y compartido la hoja de coca. Es una fuente de pensamiento que enseña, acompaña, cura y despierta la palabra.

La cocaína es otra cosa: un compuesto químico que se obtiene tratando toneladas de la planta con ácidos y disolventes. Confundir la coca con cocaína es injusto. A cocaína ha causado un daño inmenso a Colombia y al mundo. La coca, regalo de los creadores, conecta el mundo físico con el espiritual. El daño no está en la planta sino en la ambición que la transforma.

Pectoral antropozoomorfo
Alto Cauca
90 0 – 1600 d.C.

Barco de los espíritus tallado en madera
Pueblo Wounaan, Chocó
2023
Entre los Wounaan de Chocó, el líder espiritual o Jaibaná talla barcos de espíritus para hacer frente a la desgracia, la enfermedad o la muerte. Sus tripulantes ayudan a encontrar el canal que permitirá conversar con los ancestros, aunque estas fuerzas también pueden usarse de forma negativa.

Cuchara para consumo de sustancias sagradas
Calima Valle
Yotoco
200 a.C – 1300 d.C.

Pectoral antropozoomorfo humano-ave-murciélago
Sierra Nevada de Santa Marta
Tairona
900 – 1700 d.C.

Este ser porta un enorme tocado con forma de alas de murciélago y dos aves sobre la cabeza. Su nariz levantada, orejas y colmillos remiten a los murciélagos que se alimentan de sangre.

Colgante antropozoomorfo
Sierra Nevada de Santa Marta
Tairona
900 – 1700 d.C.

Ofrendar es participar en la circulación de sustancias vitales que sostienen el mundo. En la Sierra Nevada de Santa Marta, las ofrendas alimentan a los padres y madres espirituales para que el mundo siga produciendo agua, animales, cultivos y vida. Las figuras de oro, cuentas y piedra sirven como mediadores entre humanos y espíritus. Al igual que sus antepasados prehispánicos, los indígenas de hoy hacen ofrendas en montañas, cuevas, piedras y laguna para restaurar el equilibrio y asegurar el bien común.

Figuras votivas
Cordillera Oriental
Muisca
600 – 1600 d.C.

Ofrendar es participar en la circulación de sustancias vitales que sostienen el mundo. En la Sierra Nevada de Santa Marta, las ofrendas alimentan a los padres y madres espirituales para que el mundo siga produciendo agua, animales, cultivos y vida. Las figuras de oro, cuentas y piedra sirven como mediadores entre humanos y espíritus. Al igual que sus antepasados prehispánicos, los indígenas de hoy hacen ofrendas en montañas, cuevas, piedras y laguna para restaurar el equilibrio y asegurar el bien común.

Figura votiva antropoforma
Cordillera Oriental
Muisca
600 – 1600 d.C.

La muerte es un estado de transición. Los rituales funerarios son necesarios para separar al difunto del mundo de los vivos y acompañar su transformación. Urnas, máscaras, ajuares y entierros proporcionan nuevos cuerpos para vivir en el mundo de los muertos o para trascender a la dimensión de los ancestros. Muchas veces, las posesiones se entierran con el fallecido o se destruyen, para que no produzcan tristeza y enfermedades. En otros casos, la persona es sepultada con elementos creados exclusivamente para acompañarla en ese tránsito.

Máscara mortuoria
Calima Valle
Periodo Malagana
100 a.C. – 400 d.C.

Máscara antropomorfa
Costa Pacífica Sur
Tumaco Inguapí
700 a.C. – 250 d.C.

Figura antropomorfa vestida con traje ceremonial
Costa Pacífica Sur
Tumaco Inguapí
700 a.C. – 350 d.C.

 

Urna funeraria
Llanura del Caribe – Serranía de San Jacinto
Bajo Magdalena
1000 – 1700 d.C.

Figura antropozoomorfa con tocado
Costa Pacífica Sur
Tumaco Inguapí
700 a.C. – 250 d.C.

Colgante antropomorfo tipo Darién
Llanuras del Caribe
Aenú Temprano
200 a.C. – 1300 d.C.

 

Diadema antropomorfa
Nariguera
Orejeras
Colgantes de orejera
Pectoral antropomorfo

Calima Valle
Periodo Yotoco
200 a.C. – 1300 d.C.